Libros sobre la Catedral de Santiago

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    Catedral De Santiago

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Que encontrarás en estos libros

Libros sobre la catedral de Santiago

Con más de ocho siglos de historia, la catedral de Santiago de Compostela es uno de los monumentos más importantes del mundo. Proyectado en la Edad Media para albergar las reliquias del apóstol Santiago, el templo no sólo es uno de los principales centros de peregrinación del cristianismo, sino que también está considerado una obra maestra de la arquitectura debido a su singular diseño y cuidada ornamentación.

 

Estos libros sobre la catedral de Santiago de Compostela publicados por Dosde permiten conocer todos los detalles relacionados con esta obra maestra de la arquitectura. A través de sus páginas se puede profundizar en los orígenes del culto jacobeo y seguir la evolución arquitectónica del templo, un espacio dotado de una profunda carga simbólica que reúne elementos de algunas de las tendencias más representativas del arte occidental.

 

 

Historia de la catedral de Santiago

La iniciativa de construir un templo dedicado a Santiago está basada en la tradición que sitúa el sepulcro del apóstol en el extremo noroccidental de la península ibérica, un territorio alejado de los principales centros de poder político y religioso.

 

El relato más extendido, recogido en los sobre la catedral de Santiago,  asegura que Santiago fue enterrado a pocos kilómetros de la costa gallega, en el mausoleo de una mujer romana llamada Atia Moheta. Ahí también recibieron sepultura sus discípulos, Atanasio y Teodoro, cuyas tumbas flanqueaban la del apóstol. Oculto por la vegetación, el mausoleo pasó inadvertido hasta principios del siglo IX, cuando fue descubierto por el obispo de la diócesis de Iria Flavia, Teodomiro. Tras el hallazgo, sobre el sepulcro se edificó una pequeña iglesia que, en tiempos de del rey asturiano Alfonso III, fue reemplazada por un templo más amplio.

 

 

La construcción de la catedral

La catedral de Santiago de Compostela comenzó a edificarse en el año 1075, coincidiendo con la consolidación del Camino de Santiago. Proyectado según los cánones de la arquitectura románica, el templo medieval fue el resultado de un largo proceso constructivo en el que participaron diversos maestros de obras, entre los que destacó especialmente el maestro Mateo, autor del pórtico de la Gloria, un hito del arte medieval que alude al triunfo de Jesucristo a través de un complejo programa iconográfico que es analizado al detalle en estos libros sobre la catedral de Santiago.

 

Entre los siglos XVII y XVIII, la catedral de Santiago fue objeto de diversas remodelaciones que permitieron introducir nuevos elementos adaptados a los nuevos gustos estéticos, como la fachada del Obradoiro, que se ha acabado convirtiendo en la imagen más reconocida del templo compostelano, como se refleja en los libros de museos y monumentos editados por Dosde.

 

A través de estas reformas, desarrolladas de forma intermitente y sin un único plan director, la catedral incorporó a su estructura medieval características propias de los estilos renacentista, barroco y neoclásico, que contribuyeron a realzar la importancia simbólica de la sede de las reliquias del apóstol Santiago.

 

 

El templo perfecto

Por sus proporciones, la catedral de Santiago supera a la mayoría de los templos europeos coetáneos. Como se puede comprobar en los libros sobre la catedral de Santiago, la amplitud que transmite el interior del templo se debe en gran parte a las dimensiones de la nave central y las naves del crucero, inusuales en el período rómanico, pero también a una serie de soluciones arquitectónicas destinadas a crear un ambiente armónico y espacioso.

 

Para ello se utilizaron diversos recursos como la abertura de la nave central hacia las laterales mediante arcos de medio punto sostenidos por pilares de medias columnas adosadas o la construcción sobre las naves laterales de una tribuna que recorre todo el perímetro del templo y que se abre al interior mediante una sucesión de arquerías de doble arco.

 

Las numerosas reformas que afrontó la catedral a lo largo del tiempo modificaron su aspecto externo y aportaron nuevos elementos ornamentales y arquitectónicos en el interior, pero respetaron la estructura medieval.