Alhambra de Granada

¿Qué es la Alhambra de Granada?

Considerada el principal referente de la arquitectura hispanomusulmana, la Alhambra de Granada es la única ciudad palatina islámica que se ha conservado prácticamente intacta hasta nuestros días. Desde el siglo XIII hasta el XV, la Alhambra fue la residencia oficial de los sultanes nazaríes, quienes impulsaron la construcción de numerosos jardines y palacios para albergar sus actividades.

 

Entre los espacios más emblemáticos del recinto figuran el Mexuar, el palacio de Comares y el palacio de los Leones, que contienen algunas de las mejores muestras del arte islámico. Debido a su valor histórico y cultural, la Alhambra de Granada fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984.

 

La historia de la Alhambra de Granada

Vista general de la Alhambra de Granada

La Alhambra aúna elementos de origen musulmán y cristiano

 

A lo largo del siglo XIII la presencia musulmana en la península ibérica experimentó un fuerte retroceso debido a las rivalidades entre las distintas familias que aspiraban al dominio del territorio y a la efectividad de la política expansionista emprendida por los monarcas cristianos.

 

El último reducto de poder islámico fue el reino nazarí, fundado en 1232 por Muhammad I –también conocido como Ibn Al-Ahmar, “el hijo del rojo”–, que pudo mantener su independencia gracias a una inteligente política de alianzas puntuales con la Corona castellana y los gobernantes norteafricanos.

 

En 1238 el sultán estableció la sede de su corte en Granada –que durante el siglo XI ya había sido la capital de otra dinastía musulmana, la zirí–, en unas antiguas fortificaciones que existían en la colina de la Sabika, una estribación de Sierra Nevada. En ese momento fue cuando se construyó la Alhambra, un gran recinto fortificado que, gracias a las reformas emprendidas por los sucesivos sultanes nazaríes, fue creciendo hasta conformar una compleja trama urbana y convertirse en una de las ciudades reales más imponentes de la época, dotada de suntuosos palacios nazaríes, dependencias administrativas, mezquitas, escuelas, cuarteles, jardines, baños y talleres.

 

La Alcazaba de la Alhambra

Alcazaba de la Alhambra de Granada

La torre de la Vela, construida para defender el sector occidental

 

Desde sus orígenes, la Alcazaba fue el principal centro de vigilancia de la Alhambra de Granada. Esta función no sólo quedó reflejada en la ubicación estratégica de sus torres –que, conectadas a través de la muralla, ofrecían una vista privilegiada del territorio circundante–, sino también en la presencia del barrio destinado al contingente militar que se encargaba de la defensa del sultán y su corte.

 

Articulada a partir de una calle longitudinal, esta trama urbana formada por viviendas, almacenes y depósitos, entre otras edificaciones, garantizaba la autosuficiencia del recinto de la Alhambra, así como la capacidad de reacción ante ataques exteriores.

 

Los Palacios Nazaríes de la Alhambra de Granada

El reino de Granada experimentó en el siglo XIV un período de florecimiento sin precedentes en todos los ámbitos. En la Alhambra, esa efervescencia sociocultural se materializó en la construcción de los tres espacios que conforman el conjunto de los Palacios Nazaríes: el Mexuar, el palacio de Comares y el palacio de los Leones.

 

Proyectadas en distintas épocas en el área norte de la ciudad palatina –una zona bien protegida por la muralla y los desniveles del terreno de la margen izquierda del río Darro–, estas dependencias, hitos del arte islámico, fueron el escenario de la vida familiar y oficial de los sultanes en la Alhambra de Granada.

 

En su diseño participaron los artesanos más destacados de cada momento, que refinaron los recursos desarrollados por sus antecesores para llevar la arquitectura nazarí a su máximo esplendor, dando lugar a obras de una belleza inigualable, que incluso suscitaron la admiración de los monarcas cristianos.

 

El Mexuar, un palacio en la Alhambra de Granada

Mosaico en el Palacio Mexuar de la Alhambra de Granada

Decoración cerámica del interior del palacio del Mexuar

 

Procedente de una familia nazarí asentada en la ciudad de Málaga, el sultán Ismail I dirigió el reino de Granada entre 1314 y 1325, un período marcado por la estabilidad interna y la bonanza económica. Ese contexto favorable propició la construcción de un palacio en el ángulo noroccidental de la Alhambra de Granada, en unos terrenos muy cercanos a la Alcazaba.

 

La estructura arquitectónica que se ha conservado está formada por dos amplios patios y la sala del Mexuar, que da nombre al conjunto y que alude al consejo de visires que asistía al sultán en las tareas legislativas. Con la construcción del palacio de Comares y el palacio de los Leones, el recinto del Mexuar probablemente perdió su uso residencial original y se centró en actividades de carácter burocrático y judicial, pero se mantuvo como un espacio vital para el funcionamiento cotidiano de la Alhambra, tal y como evidencia su continua evolución arquitectónica.

 

El palacio de Comares

Palacio de Comares de la Alhambra de Granada

 

El reino de Granada vivió una de sus etapas más prósperas bajo el mandato de Yusuf I, que accedió al trono en sustitución de su hermano Muhammad IV, asesinado en 1333. Descrito por los historiadores árabes como un gobernante meditativo y de carácter sosegado, el séptimo sultán de la dinastía nazarí supo contener tanto las acometidas de las tropas cristianas como la influencia de los emires norteafricanos, garantizando un prolongado período de paz que fue aprovechado para dotar la ciudad de diversos equipamientos públicos y favorecer el desarrollo cultural.

 

En la Alhambra de Granada el monarca impulsó un ambicioso programa constructivo que tuvo su culminación en la creación de un nuevo palacio nazarí en los terrenos anexos al Mexuar. Estructurado en torno a un patio rectangular y presidido por una torre que contenía el salón del Trono –la mayor estancia de la ciudad palatina–, el espacio conocido como Comares incorporó los elementos más característicos de las residencias hispanomusulmanas.

 

Asimismo, se convirtió en uno de los principales testimonios del poder real a través de su decoración alegórica, completada por el hijo y sucesor de Yusuf I, Muhammad V.

 

El palacio de los Leones

Con la voluntad de escenificar la grandeza de su gobierno, Muhammad V reformó el recinto del Mexuar y completó la decoración del palacio de Comares, aunque su proyecto más ambicioso consistió en la edificación del palacio de los Leones, donde el sultán situó sus aposentos, así como otras estancias de carácter más público que permitían dar cabida a todo tipo de actos festivos y protocolarios.

 

Con la idea de crear un entorno idóneo para estas funciones, se desarrolló un programa ornamental de carácter sumamente refinado, que convirtió el palacio en la síntesis de todos los logros del arte nazarí. Articulado en torno al patio de los Leones, el recinto proyectado por Muhammad V recibió el nombre de Jardín Feliz, posiblemente porque se edificó sobre antiguas zonas ajardinadas.

 

Esa denominación también subrayaba el carácter edénico de un espacio que a menudo ha sido comparado con un oasis de piedra. De hecho, diversos elementos arquitectónicos inciden en esa idea, desde las columnas que delimitan el patio de los Leones, similares a palmeras, hasta los canalillos de agua, que recuerdan a los arroyos de un vergel, pasando por los templetes de la galería, parecidos a unas jaimas.

 

El Generalife

El generalife de la Alhambra de Granada

El Generalife era la residencia de recreo de los sultanes nazaríes

 

El recinto del Generalife probablemente comenzó a construirse en el último tercio del siglo XIII por iniciativa de Muhammad II, el hijo del fundador de la dinastía nazarí. Ampliada en diversas ocasiones durante la época musulmana, la finca se estableció a una distancia prudencial de la Alhambra, de forma que el sultán podía tener intimidad, pero también desplazarse rápidamente hasta la ciudad palatina si se requería su presencia en la corte.

 

Asimismo, debido a su situación geográfica –en la ladera de una elevación montañosa–, el conjunto del Generalife se distribuyó en distintas terrazas, una configuración que permitió potenciar el disfrute del paisaje y los juegos de perspectivas.

 

Aposentos cristianos en la Alhambra

Tras una década de guerra, en 1492 los Reyes Católicos conquistaron Granada, culminando así su proyecto de controlar todos los territorios de la península ibérica que habían estado en poder de los musulmanes. Como señal de su aprecio por el legado arquitectónico nazarí y con la intención de dejar un testimonio perdurable de su victoria militar, los monarcas castellano-aragoneses financiaron una serie de reformas encaminadas a garantizar la conservación de la Alhambra de Granada.

 

El nieto de los Reyes Católicos, el emperador Carlos V, se mantuvo fiel a esta idea de preservar la ciudad palatina como un símbolo del poder real, aunque todavía fue más ambicioso que sus predecesores al proyectar la construcción de un nuevo palacio destinado a convertirse en la sede de su corte.

 

Con el objetivo de alojar al monarca mientras se llevaban a cabo las obras de su futura residencia, entre 1528 y 1537 se edificaron en la Alhambra diversas dependencias en torno al palacio de Comares y el palacio de los Leones, comunicadas por medio de un corredor y orientadas hacia un patio de planta irregular.

 

El palacio de Carlos V

Palacio de Carlos V de la Alhambra de Granada

El diseño del palacio se inspiró en los monumentos de la Antigüedad

 

Iniciador de la dinastía de los Austrias en España y artífice del imperio más importante de su época, Carlos V tuvo su primer contacto con Granada en 1526, cuando pasó su luna de miel en la ciudad tras contraer matrimonio en Sevilla con Isabel de Portugal.

 

A pesar de que se había criado en los Países Bajos, el nieto de los Reyes Católicos supo apreciar rápidamente la importancia simbólica que la antigua capital del reino nazarí había tenido tradicionalmente para la Corona española y, maravillado por la belleza de la Alhambra, decidió erigir en la ciudad palatina su residencia, que debía convertirse en un símbolo de la unidad religiosa en unos tiempos marcados por los conflictos con los otomanos y las divisiones fruto de la reforma protestante.

 

El diseño del palacio de Carlos V –identificado con el nombre de Casa Real Nueva, en contraposición a la Casa Real Vieja, referida a las edificaciones de origen musulmán, como los Palacios Nazaríes– fue a cargo de Pedro Machuca. Formado en Italia con artistas como Miguel Ángel, el arquitecto concibió un edificio renacentista de aspecto monumental, integrando un patio circular dentro de una planta cuadrada. Sufragada con los tributos de los moriscos, la obra se inició en 1527, pero no pudo ser completada a tiempo.

 

Machuca falleció cuando sólo se había erigido parte del exterior, mientras que Carlos V apenas tuvo tiempo para preocuparse por el avance de los trabajos debido a los constantes conflictos políticos y económicos a los que se tuvo que enfrentar durante su reinado. Los sucesores del emperador dejaron languidecer el proyecto, lastrado por problemas de financiación, y no fue hasta el siglo XX cuando por fin se ejecutaron las obras pendientes del palacio de Carlos V, que adoptó un nuevo uso como museo.

 

El libro para descubrir la Alhambra de Granada

La Alhambra de Granada es un valioso testimonio de la presencia musulmana en la península ibérica. La incorporación de yeserías, artesonados y cerámicas son una de las características de la Alhambra, y muestran la perfección que alcanzó la arquitectura islámica.

 

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Libro de la Alhambra de Granada Dosde Editorial

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