Casa Batlló

Un edificio transformado en obra de arte

Ubicada en el Paseo de Gracia, la avenida más importante de Barcelona, la Casa Batlló está considerada una de las obras más originales de Antoni Gaudí referente del modernismo catalán.

 

El edificio fue construido entre 1904 y 1906, coincidiendo con la etapa de madurez de la arquitectura de Gaudí, y debe su nombre al promotor de la obra, el empresario textil Josep Batlló. Desde 2005, la Casa Batlló forma parte de la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

 

La historia de la Casa Batlló

El vestíbulo del piso de la familia Batlló, en 1926

 

A principios del siglo XX, el Paseo de Gracia, diseñado por el urbanista Ildefons Cerdà como uno de los ejes del Ensanche de Barcelona, se había convertido en la calle predilecta de las grandes familias burguesas. Los más adinerados empresarios estaban ávidos de demostrar su poder encargando la construcción de una gran casa en el paseo a alguno de los arquitectos de moda del modernismo.

 

Uno de estos industriales, Josep Batlló, adquirió en 1903 un edificio construido en 1877 por Emili Salas Cortès, casualmente un antiguo profesor de Gaudí en la Escuela de Arquitectura. La sobriedad de la obra, sin embargo, contrastaba con la espectacularidad de la vecina Casa Amatller, de Puig i Cadafalch, así que, en 1904, Batlló decidió contratar a Gaudí, que a sus 52 años se hallaba en el cénit de su popularidad.

 

En un principio, Batlló sugirió a Gaudí que derribase el edificio anterior y construyera uno de nueva planta, pero el arquitecto le convenció de mantener la estructura y acometer una reforma integral, añadiendo dos niveles más –un piso y el desván– y rehaciendo totalmente la fachada, el patio interior, los bajos y el principal, destinado a ser la vivienda de la familia Batlló. Ésos fueron los orígenes de la Casa Batlló, hoy todo un icono del modernismo en Barcelona.

 

La fachada de la Casa Batlló

 

Gaudí empleó todo su ingenio en la reforma de la Casa Batlló, pero sobre todo en la fachada principal, ya que el objetivo era conservar la estructura original y, a la vez, crear una obra totalmente novedosa. Para ello, el arquitecto realizó maquetas en yeso, que fue modelando con sus propias manos hasta conseguir las formas que buscaba, y dirigió personalmente la colocación del trencadís y de los discos cerámicos desde el mismo Paseo de Gracia.

 

El resultado es una arquitectura que combina en la Casa Batlló de Gaudí sorprendentes formas e intensos colores que producen una grata sensación de movimiento. Al ser Gaudí un gran estudioso de la naturaleza, combinó materiales como la piedra, el vidrio, la cerámica y el hierro para que, cuando el sol incidiera sobre la superficie de la fachada de la Casa Batlló, se pudiera conseguir un cálido y poético juego de luces y sombras. Como en otras obras del arquitecto catalán, la fachada de la casa ha sido interpretada de diferentes maneras.

 

Para unos, se asemeja al suave oleaje del mar Mediterráneo o a la montaña de Montserrat. Otros se animan a afirmar que es una alegoría del carnaval. Hay quien sólo la conoce con el apelativo de casa de los huesos, por la forma ósea de los vanos y las columnas de la tribuna. Pero, sin duda, una de las interpretaciones más cercanas es la que vincula esta fachada con el arte impresionista, comparándola con la obra de Claude Monet y las pinturas de nenúfares en el estanque.

 

El vestíbulo

Una vez dentro de la Casa Batlló, el vestíbulo comunitario, de formas suaves y tonos azules, organiza y distribuye la circulación hacia las distintas viviendas del edificio a través de escaleras diferenciadas, una privada para los propietarios y otra para los inquilinos.

 

De planta rectangular, este espacio de techos curvos y aspecto similar a una gruta comunica directamente con el vestíbulo privado del piso principal y alberga la garita del portero y algunos trasteros. Desde aquí nace la escalera de vecinos, destinada al uso de los inquilinos y del personal de servicio de la familia Batlló.

 

El patio interior de la Casa Batlló

 

Una de las intervenciones más destacadas en la reforma modernista de la Casa Batlló fue la ampliación del patio de luces, que con sus nuevas medidas de 13 metros de largo por 4 de ancho y 26 de alto se convirtió en el gran elemento articulador del edificio, actuando como el eje de comunicación vertical entre los distintos pisos a través del ascensor y la escalera de vecinos.

 

El ensanchamiento proyectado por Gaudí también permitió mejorar sustancialmente la ventilación e iluminación de las estancias interiores de las viviendas, un aspecto poco cuidado en las construcciones de la época. Para este fin, el arquitecto proyectó en las paredes amplias ventanas dotadas de respiraderos y recurrió a una decoración de azulejos de tonos claros, cuyo brillo refleja la luz natural procedente de la gran claraboya rectangular ubicada en la planta del desván.

 

La Casa Batlló por dentro

La sala de la chimenea albergaba el despacho de Josep Batlló

 

Guiándose por criterios funcionales, Gaudí estructuró la planta de la vivienda de la familia Batlló en tres partes diferenciadas, cada una de ellas dotada de amplias estancias adaptadas a sus distintos usos. Orientados al Paseo de Gracia se situaron los salones principales, receptores de la luz natural a través de las grandes ventanas de la tribuna; el comedor y los dormitorios se ubicaron en la fachada posterior, conectados con un patio reservado exclusivamente para los Batlló; y en el espacio central se habilitó una zona dotada de servicios como la cocina y el baño, así como los accesos al resto de niveles del edificio.

 

El desván

 

El arquitecto abordó la última planta de la Casa Batlló, el desván, como una pieza de coronación del edificio, tanto desde el aspecto plástico como desde el funcional, de modo que dotó a a este nivel de un sistema arquitectónico propio y de unas singulares formas tanto en el interior del edificio como en el exterior.

 

Se trata de una construcción independiente respecto a las plantas inferiores; la estructura de las plantas de viviendas es totalmente diferente a la del desván, y eso se debe, sobre todo, a que son espacios pensados para distintos usos. Desde el punto de vista funcional, Gaudí concibe el desván como cámara de protección del edificio destinada a zona de servicios, y lo construye a partir de una sucesión de arcos catenarios levantados únicamente con ladrillos, que posteriormente revoca con yeso, y encima de los cuales apoya las bóvedas del techo y sobre éstas asienta la planta de la azotea de la casa.

 

Esta simple pero ingeniosa novedad estructural, que el arquitecto aplicó en varias de sus obras, como en el Colegio de las Teresianas y más tarde en La Pedrera (Casa Milá), tiene la particularidad de generar espacios continuos de gran poder evocador que parecen inspirados en el costillar de un gran animal, lo que ha dado lugar a varias interpretaciones que lo señalan como el interior del dragón que se representa en el gaudiniano tejado de la Casa Batlló.

 

La azotea

  • Las chimeneas parecen inspiradas en hongos, según algunos expertos

En la azotea de la Casa Batlló, Gaudí da rienda suelta a su imaginación y despliega toda su creatividad para transformar este espacio, que a principios del siglo XX apenas se consideraba cuando se proyectaba un edificio, en un universo de formas, siluetas y texturas originales que trascienden la arquitectura para convertirse en piezas escultóricas de gran valor artístico.

 

Junto con el valor poético de la azotea, el arquitecto define el aspecto funcional de esta parte de la casa organizando la planta y sus elementos de manera lógica, y resolviendo las diferentes necesidades que requiere el conjunto con soluciones racionales. Así, Gaudí dispone en la azotea dos salidas de escaleras, cuatro agrupaciones de chimeneas y ventilaciones y un pequeño desván bajo el terrado, todo ello revestido de trencadís de suaves colores.

 

Cargadas de libertad estética, estas piezas escultóricas se inspiraron en las leyes de la naturaleza, a partir de las cuales se genera el sugestivo y evocador universo de Antoni Gaudí.

 

Un libro para disfrutar de la Casa Batlló como nunca la habías visto

La originalidad de la Casa Batlló, no deja de sorprender a pesar de haber pasado más de 110 años desde su creación. Ubicada en la ciudad de Barcelona, es una de las obras más conocidas y más valoradas de Antoni Gaudí, imprescindible para percibir su imaginación sin límites.

 

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Editado por Dosde, este libro muestra cada rincón del edificio y explica las innovaciones constructivas que aplicó Gaudí, fusionando estética con funcionalidad.

 

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