Sevilla

Sevilla, una ciudad monumental

Fundada por Hércules, según la leyenda, la capital de Andalucía destaca por su belleza monumental y su extensa historia. La confluencia de culturas que ha acogido a lo largo de los siglos queda reflejada en su arquitectura, que entremezcla estilos de épocas muy diversas. Esta riqueza artística y arquitectónica atrae hoy a miles de visitantes.

 

La historia de Sevilla

La evolución histórica de Sevilla estuvo marcada por la presencia del río, motor económico de la ciudad. La leyenda cuenta que fue fundada por Hércules, aunque las investigaciones científicas coinciden en que fue obra de los fenicios y tuvo lugar hacia el siglo VIII a.C.

 

Los romanos crearon sobre ese enclave la colonia de Hispalis, que en el siglo I d. C. se consolidaría como uno de los principales núcleos comerciales de la península ibérica. A partir del año 712, Sevilla se integró en el nuevo estado arabomusulmán y registró un crecimiento progresivo, sobre todo tras convertirse en la capital europea del Imperio almohade, que invadió la península en 1147.

 

Tras conquistarla en 1248, el rey Fernando III de Castilla, repobló la ciudad de con cristianos y judíos. A partir de entonces, Sevilla inició una nueva etapa de expansión gracias a su posición estratégica y se consolidó como centro comercial y financiero cuando, tras el descubrimiento de América, la ciudad fue designada sede de la Casa de Contratación, el organismo creado en 1503 para monopolizar el comercio y las relaciones con el nuevo continente.

 

Esa era dorada concluiría entre los siglos XVII y XVIII, cuando hechos como las epidemias de peste, la crisis de la monarquía y el traslado a Cádiz de la Casa de Contratación sumieron a Sevilla en una larga decadencia. Aun así, la ciudad se resistió a caer en el olvido, y a partir del siglo XIX comenzó a recuperar la vitalidad perdida, hasta ser reconocida de nuevo como una de las urbes europeas de referencia.

 

El casco antiguo

El casco antiguo de Sevilla es, con sus más de cuatro kilómetros cuadrados, el centro histórico más grande de España y uno de los mayores de toda Europa. Esta superficie coincide aproximadamente con el núcleo urbano que delimitaba la desaparecida muralla del siglo XII, y sus dimensiones permiten calibrar la importancia urbana y económica que adquirió Sevilla ya a finales de la Edad Media, cuando su puerto mantenía conexiones con todo el mundo entonces conocido, y que se incrementaría con el monopolio del comercio con las colonias americanas.

 

En consonancia con esa importancia histórica, el casco antiguo también reúne los principales monumentos de la ciudad, entre los cuales destacan la catedral, el Palacio Arzobispal, el Real Alcázar y el Archivo de Indias, símbolos arquitectónicos de la Iglesia y la monarquía, los poderes que dominaron la ciudad en tiempos de la Corona de Castilla y, posteriormente, de la Corona española.

A estos monumentos de Sevilla se suma un variado conjunto de templos, edificios públicos y casas señoriales, destacando otros emplazamientos de interés, como la Plaza del Triunfo o la Plaza del Cabildo.

 

 

 

El Real Alcázar de Sevilla

Debido a su estratégica ubicación, Sevilla tuvo la necesidad desde antiguo de dotarse de una gran fortaleza para protegerse de las posibles incursiones enemigas. Al antiguo palacio de los gobernadores musulmanes del siglo IX, le sucedió en el siglo XI, el denominado Alcázar Bendito de la dinastía abadí.

Posteriormente, entre los siglos XII y XIII, coincidiendo con la llegada de los almohades y la capitalidad de Sevilla, el Alcázar fue reformado y ampliado, hasta alcanzar prácticamente sus límites actuales.

 

El rey Alfonso X el Sabio fue el responsable de introducir el arte gótico, mientras que Pedro I proyectó su residencia en estilo mudéjar, síntesis del arte cristiano e islámico. Los Reyes Católicos y el emperador Carlos V también realizaron algunas reformas en el espacio, según el gusto clasicista del Renacimiento, y en tiempos posteriores se añadieron diversos elementos de gusto barroco.

 

Las intervenciones arquitectónicas y decorativas se reanudaron bajo la dinastía de los Borbones, tanto en el siglo XIX, durante el reinado de Isabel II, como en el siglo XX, con Alfonso XIII. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, el Alcázar sigue funcionando en la actualidad como residencia de los monarcas españoles cuando visitan Sevilla. De hecho, este conjunto arquitectónico es el palacio real en uso más antiguo de Europa.

 

La catedral de Sevilla

La catedral constituye el epicentro de la trama urbana del casco antiguo, heredada de la época medieval. Conocida con el sobrenombre de Magna Hispalensis (“la Grande de Sevilla”), la catedral es el mayor templo gótico del mundo y surgió para sustituir a una antigua mezquita del siglo XII.

 

Su elemento más conocido es La Giralda, la torre campanario situada en el ángulo noreste de la catedral, que se ha convertido en el principal símbolo de Sevilla.

 


Los palacios de Sevilla

Entre los siglos XIII y XV en la ciudad comenzaron a proliferar las casas-palacio, vinculadas a los miembros de la aristocracia castellana que habían recibido tierras y privilegios como recompensa a sus méritos guerreros en la conquista de Andalucía. Estas edificaciones partían de uno o varios inmuebles que se iban ampliando sin seguir un proyecto preestablecido, hasta adquirir una planta laberíntica.

 

A partir del siglo XVI el esquema de la casa-palacio sevillana ya estaba plenamente consolidado. El espacio doméstico se organizaba en torno a un gran patio central, que a menudo estaba presidido por una fuente, y las estancias se distribuían en dos plantas. Asimismo, en un reflejo del estatus económico y social de sus propietarios, las casas fueron decoradas con una gran variedad de yeserías, azulejos y esculturas, incorporando las tendencias estilísticas propias de la época en la que fueron construidas o reformadas.

 

Esa riqueza artística está presente en edificaciones como la Casa de Pilatos, la Casa de Salinas, el Palacios de Dueñas y el Palacio de la Condesa de Lebrija, cuyo cuidado diseño contribuyó a que Sevilla fuera conocida en los siglos XVI y XVII como “la nueva Roma”.

 


El centro de la ciudad

El actual corazón administrativo y mercantil de Sevilla se corresponde con el entorno de la catedral de la antigua ciudad musulmana. El centro de Sevilla experimentó en la Edad Media y la Moderna, una intensa actividad constructiva, durante la que se edificaron tanto suntuosos palacios como modestas casas de vecinos.

 

En él se ubican en la actualidad varias instituciones oficiales, como el Ayuntamiento de Sevilla, así como algunas de las calles más transitadas de la ciudad. La historia y la arquitectura monumental conviven en estos espacios con el ajetreo comercial y el ocio de los sevillanos.

 

La Plaza Nueva, la iglesia del Salvador y la iglesia de San Luis de los Franceses son algunos de los históricos monumentos de Sevilla, que contrastan con construcciones contemporáneas como el icónico Metropol Parasol, una gigantesca estructura que cubre la plaza de la Encarnación y que fue diseñada por el arquitecto alemán Jürgen Mayer.

 

El Parque de María Luisa y la Plaza de España

Al sur del casco antiguo se encuentra el Parque de María Luisa, el más importante de Sevilla. Los terrenos en los que se encuentra el parque formaban parte en sus orígenes de los jardines del palacio de San Telmo, convertido casi un siglo después en el domicilio privado de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, y su esposa, la infanta María Luisa Fernanda de Borbón.

 

La infanta fue quien decidió ceder la mayor parte de los jardines a la ciudad para crear un gran parque público. La transformación integral de los jardines se inició a principios del siglo XX con vistas a la Exposición Iberoamericana de 1929.

 

La remodelación incluyó la creación de la monumental plaza de España, concebida como el espacio más emblemático de la exposición, así como la construcción de diversos pabellones que adquirieron nuevos usos tras la celebración del certamen. Actualmente, la plaza de España es uno de los monumentos más admirados de Sevilla.

 

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