Joan Miró

Miró, un artista inimitable

Nacido en Barcelona en 1893, el pintor Joan Miró experimentó con diversas tendencias antes de entrar en contacto con el surrealismo, el movimiento con el que se produjo su maduración artística.

 

Siempre preocupado por desarrollar técnicas alternativas a la pintura tradicional, Miró reinventó su estilo constantemente, creando nuevas obras hasta poco antes de su muerte, el 25 de diciembre de 1983 en Palma de Mallorca.

 

El influjo de las vanguardias en Miró

Interesado por el dibujo y la ilustración desde su niñez, el artista Joan Miró no pudo satisfacer su vocación artística hasta 1912, cuando, tras sufrir una crisis nerviosa debido a la insatisfacción que le generaba su trabajo de contable, convenció a su padre de que su bienestar personal y futuro laboral estaban ligados a la dedicación exclusiva a la pintura.

 

Con la aprobación paterna, Miró, que entonces tenía 19 años, se matriculó en la academia del pintor barcelonés Francesc Galí, quien le ayudó a desplegar su potencial creativo y le descubrió las últimas tendencias procedentes de París, como el fauvismo y el cubismo.

 

Ese acceso a las vanguardias acabó siendo decisivo para la evolución del joven Miró, que incluso viajó a la capital francesa para profundizar en sus conocimientos y aprovechó las posibilidades plásticas que ofrecían las nuevas corrientes pictóricas para dotarse de sus propias herramientas expresivas, en un arduo proceso creativo caracterizado por la reinvención constante.

 

Miró y el surrealismo

Surgido como una alternativa al dadaísmo, una corriente que estaba predestinada a la desintegración debido a su espíritu destructivo, el surrealismo revolucionó la escena cultural de París en la segunda década del siglo XX. El movimiento surrealista estuvo liderado desde sus inicios por el poeta francés André Breton, quien, influenciado por las teorías psicoanalíticas del doctor Sigmund Freud, defendía la validez del mundo de los sueños y de los impulsos irracionales.

 

Según Breton y sus adeptos, los artistas tenían que operar al margen de los filtros impuestos por la razón y de las consideraciones estéticas y morales, accediendo directamente al inconsciente para expresar sus pensamientos con libertad.

 

Siempre atento a las corrientes intelectuales alternativas, Miró no tardó en aproximarse al surrealismo, en una evolución creativa que le llevó a redefinir completamente su estilo y a iniciar una nueva etapa pictórica dominada por la presencia de imágenes oníricas y símbolos cada vez más personales.

 

Las pinturas salvajes de Miró

A mediados de los años treinta, coincidiendo con el regreso de Miró a su tierra de origen, la vida política española experimentó un proceso de deterioro que acabó teniendo consecuencias dramáticas.

 

Debido a sus posturas antagónicas respecto a cuestiones como el papel de la Iglesia en la sociedad y la propiedad de los medios de producción, las fuerzas de izquierdas y de derechas fueron extremando sus posiciones, generando una situación de inestabilidad que, sumada a una economía frágil, frustró los intentos para modernizar el país. La tensión alcanzó su cénit en julio de 1936, cuando la sublevación de un grupo de militares contra el legítimo Gobierno de la República inició una cruenta guerra civil que se prolongó hasta 1939.

 

En este clima de tensión, Miró –que seguía obsesionado con la idea de superar la concepción tradicional de la pintura– creó algunas de sus obras más expresivas, dominadas por figuras de aspecto monstruoso que parecían buscar la confrontación con el espectador.

 

El universo de las obras de Miró

La irrupción de la Segunda Guerra Mundial en 1939 supuso la desintegración de la escena vanguardista europea, que hasta entonces había tenido su centro de operaciones en París. En España, donde la guerra civil dio paso a una cruel dictadura dirigida por el general Francisco Franco, el arte también se encontraba en una situación crítica, amenazado constantemente por la represión y la censura. Paradójicamente, en ese contexto poco propicio para la innovación, Miró fue capaz de sentar las bases del estilo que le acabó reportando la fama internacional.

 

Aislado del mundo exterior y trabajando de forma incansable, Joan Miró definió una iconografía muy singular que perfeccionaba muchos de los hallazgos plásticos desarrollados en los años anteriores. Gracias a esa madurez creativa, Miró pudo seducir a la crítica y al público, al mismo tiempo que se consolidó como uno de los artistas más interesantes de su generación, poseedor de un universo tan reconocible como inimitable.

 

El lenguaje de la simplicidad

Para Miró, el traslado a Palma de Mallorca en la segunda mitad de los años cincuenta no sólo supuso un cambio de entorno, sino también una oportunidad para meditar sobre su carrera como pintor.

 

Durante la mudanza al taller diseñado por su amigo Josep Lluís Sert, el pintor redescubrió los dibujos y pinturas que había ido almacenando desde sus inicios y, tras analizar todo ese material, sintió la necesidad de desmarcarse de su propio pasado dando una nueva orientación a su obra. Esa voluntad rupturista, acrecentada por su estrecha relación con la escena artística estadounidense y la cultura oriental, se convirtió en el motor de la actividad de Miró en la década de los sesenta.

 

Sin renunciar a su iconografía habitual, el pintor –que en esa época experimentó un repunte de su fama gracias a la celebración de retrospectivas en los principales museos del mundo– evolucionó hacia un estilo más directo, que buscaba alcanzar la máxima efectividad partiendo de los mínimos recursos plásticos.

 

Los últimos años de Miró

Edificio de la Fundación de Joan Miró de Barcelona

Fundación Joan Miró, situada en Barcelona, fue diseñada por el arquitecto Josep Lluís Sert

 

Admirado por su libertad creativa tanto en el extranjero como en su tierra de origen –donde había sido ignorado durante décadas por los estamentos oficiales debido a su oposición al régimen franquista–, en los últimos años de su vida Joan Miró evitó caer en la autocomplacencia y siguió trabajando con distintos materiales y técnicas con el objetivo de ampliar sus horizontes artísticos.

 

Fiel a su carácter independiente, el pintor optó por mantenerse al margen de los dictados del mercado, sin realizar concesiones al público y guiándose exclusivamente por sus instintos e inquietudes intelectuales, que lo llevaron a centrar su atención en la investigación de la naturaleza del proceso creativo.

 

El interés de Joan Miró por los mecanismos y el significado del arte no sólo quedó plasmado en sus obras, siempre concebidas como un campo de experimentación, sino también en la puesta en marcha de sendas fundaciones en Barcelona y Palma de Mallorca destinadas a convertirse en focos de difusión de la cultura contemporánea.

 

El libro con las obras de Joan Miró

Siempre en búsqueda de nuevas tendencias alternativas a la pintura tradicional, Joan Miró reinventó constantemente su estilo antes de entrar en contacto con el surrealismo, el movimiento que supuso su maduración como artista.
Este libro sobre Joan Miró es todo un testimonio gráfico de la carrera del artista y ofrece uns detallada visión de sus obras, sus significados y los detalles de la vida de este fascinante creador.

Libro de las obras de Joan Miró, Dosde Editorial

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