El Greco

Las obras de su vida

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Sobre el libro El Greco, las obras de su vida

Dotado de un estilo inconfundible, Doménikos Theotokópoulos, más conocido como El Greco, creó un universo iconográfico de gran originalidad y poder sugestivo. Sus cuadros poseen un estilo propio y un virtuosismo técnico que lo convirtieron en el autor más original de su era.

El Greco está considerado como uno de los grandes iconos del arte, cuya evolución tuvo sus raíces en Creta e Italia. Estos lugares marcarían su etapa de aprendizaje, en la que el pintor aprendió a dominar las fórmulas de maestros del Renacimiento como Miguel Ángel y Tiziano. El Greco acabaría trabajando bajo el influjo del manierismo, del que el artista realizó una interpretación autónoma y propia, que dotó de una seña de identidad a sus cuadros.

Pero fue en España, y concretamente en Toledo, donde el pintor alcanzó su madurez y realizó las obras más emblemáticas de su carrera. El entierro del Conde Orgaz, El caballero de la mano en el pecho o La Coronación de la Virgen son algunos de los cuadros de El Greco más relevantes de esta etapa de consagración artística.

Este libro publicado por Dosde reúne las principales obras de El Greco y realiza un recorrido detallado por la evolución del pintor, desde sus años de formación en Grecia hasta su consolidación como genio del arte durante su estancia en España. Sus páginas analizan en detalle sus pinturas, la iconografía de sus cuadros y las principales características del estilo propio de El Greco. De esta forma, el lector podrá obtener un retrato completo del genial pintor manierista, un autor inimitable que dejó una huella imborrable en el arte moderno. Una publicación que pertenece a nuestra colección de libros de arte.

Edición Visual

El Greco

  • Incluye contenido digital exclusivo
  • Hecho con papel que respeta el Medio Ambiente
  • Producto oficial licenciado
  • Multilenguaje: publicado en 3 idiomas

Sobre el libro El Greco, las obras de su vida

Dotado de un estilo inconfundible, Doménikos Theotokópoulos, más conocido como El Greco, creó un universo iconográfico de gran originalidad y poder sugestivo. Sus cuadros poseen un estilo propio y un virtuosismo técnico que lo convirtieron en el autor más original de su era.

El Greco está considerado como uno de los grandes iconos del arte, cuya evolución tuvo sus raíces en Creta e Italia. Estos lugares marcarían su etapa de aprendizaje, en la que el pintor aprendió a dominar las fórmulas de maestros del Renacimiento como Miguel Ángel y Tiziano. El Greco acabaría trabajando bajo el influjo del manierismo, del que el artista realizó una interpretación autónoma y propia, que dotó de una seña de identidad a sus cuadros.

Pero fue en España, y concretamente en Toledo, donde el pintor alcanzó su madurez y realizó las obras más emblemáticas de su carrera. El entierro del Conde Orgaz, El caballero de la mano en el pecho o La Coronación de la Virgen son algunos de los cuadros de El Greco más relevantes de esta etapa de consagración artística.

Este libro publicado por Dosde reúne las principales obras de El Greco y realiza un recorrido detallado por la evolución del pintor, desde sus años de formación en Grecia hasta su consolidación como genio del arte durante su estancia en España. Sus páginas analizan en detalle sus pinturas, la iconografía de sus cuadros y las principales características del estilo propio de El Greco. De esta forma, el lector podrá obtener un retrato completo del genial pintor manierista, un autor inimitable que dejó una huella imborrable en el arte moderno. Una publicación que pertenece a nuestra colección de libros de arte.
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Información adicional

  • Información adicional
  • Subtitle: Las obras de su vida
  • Peso (g): 350
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Tamaño (cm): 19,5 x 22,5
  • Autor: Dosde
  • Páginas: 80
  • Edición: Edición Visual
  • idioma
  • Español
  • Inglés
  • Francés
  • isbn
  • 978-84-9103-166-6
  • 978-84-9103-167-3
  • 978-84-9103-168-0
  • código
  • 45-005-00
  • 45-005-01
  • 45-005-02

Las primeras obras de El Greco

A lo largo de su trayectoria, El Greco fue afianzando un estilo tan novedoso como fácilmente reconocible. Los inicios de su carrera están marcados por sus estancias en Creta, su tierra de origen, e Italia, donde el pintor aprendió a dominar las técnicas propias del Renacimiento gracias a su paso por Venecia y Roma.

Durante los años vividos en la isla griega, El Greco se especializó en realizar cuadros de temática religiosa que se amoldaban a los ideales del arte bizantino. Al mismo tiempo, asimiló parte de los recursos plásticos de la pintura renacentista europea. De este período son obras como La dormición de la Virgen y San Lucas pintando a la Virgen, todavía muy influenciadas por los cánones bizantinos.

Ya durante su etapa de formación en Creta, el pintor introdujo innovaciones plásticas que anticiparían su posterior giro estilístico, que se produjo cuando se instaló en Italia para estudiar las técnicas del Renacimiento y abandonar así las restricciones impuestas por los cánones bizantinos.

De sus primeros contactos con la pintura italiana encontramos el Tríptico de Módena, probablemente pintado en Venecia, cuya iconografía y esquemas figurativos son ya de tipo occidental, aunque se perciben algunas reminiscencias bizantinas. La estancia de El Greco en Venecia sería determinante para la evolución del pintor, que observando obras de autores como Tiziano y Tintoretto, adoptó el gusto por el colorido, la luz, el dinamismo y el sentido de la escenografía.

El Greco y su llegada a Toledo

Cuando el Greco llegó a España con 36 años ya era un artista maduro, aunque no había podido realizar demasiadas obras a la altura de su talento. En Toledo, la capital eclesiástica española, recibió sus primeros encargos importantes que relevarían su verdadera personalidad artística.

Su primer reto fue realizar la decoración de los retablos de la iglesia del monasterio de Santo Domingo el Antiguo. El Greco realizó ocho lienzos donde combinó lo mejor de la pintura veneciana y romana, recurriendo a un colorido brillante y un trazo expresivo. El proyecto coincidió con otra de sus grandes obras: El expolio, un lienzo de grandes dimensiones que decoraría la sacristía de la catedral de Toledo.

Estos dos trabajos le permitieron obtener una gran visibilidad en Toledo, donde el pintor también desarrolló su faceta de retratista. Entre los retratos de El Greco más conocidos figura El caballero de la mano en el pecho, que se convirtió en el arquetipo de caballero español del siglo XVI.

Las pinturas de El Greco más famosas

Tras un intento fallido de trabajar para Felipe II, a quien no le agradaron sus soluciones creativas, El Greco tuvo que replantearse su carrera y decidió asentarse definitivamente en Toledo. El pintor ya gozaba de prestigio, y pudo ir perfeccionando su estilo dando lugar a diversas obras que figuran entre las mejores pinturas de finales del siglo XVI.

Una de sus obras maestras es El entierro del conde de Orgaz, encargada por la iglesia toledana de Santo Tomé, que se ha convertido en una de las pinturas más famosas de El Greco. El pintor gozó de una libertad creativa que le permitió plantear una composición muy ambiciosa, dividiendo el cuadro en dos niveles: la gloria celestial, y la escena del entierro. El resultado fue una obra maestra cargada de detalles cuya atmósfera sobrenatural posee una gran carga simbólica.

En 1596, el Greco recibiría uno de los encargos más lucrativos de su carrera, un retablo para el Colegio de la Encarnación de Madrid. En esta obra podemos apreciar un marcado contraste cromático que anunciaba el nuevo giro estilístico del pintor, cada vez más proclive a acentuar la presencia de elementos sobrenaturales. Los lienzos de La anunciación, La resurrección y Pentecostés forman parte de este conjunto. De esta época también datan obras como el cuadro Vista de Toledo, San Martín y el mendigo y Cristo con la cruz.

La última etapa de El Greco

Muchas de las últimas obras de El Greco consistieron en obras devocionales concebidas para ser reproducidas en serie por sus colaboradores. A partir de 1600 el artista introdujo una nueva modalidad: los apostolados, conjuntos formados por los retratos de Jesucristo y sus apóstoles que solían ir destinados a recintos eclesiásticos.

En esta última etapa, El Greco realizó incursiones puntuales en nuevos temas iconográficos, como la representación puramente descriptiva de Toledo, plasmada en el lienzo Vista y plano de Toledo, que incluía el primer plano detallado del callejero de la ciudad, o la única obra del artista dedicada a la mitología clásica, el lienzo Laocoonte.

En sus últimos años, El Greco también trabajó en grandes retablos, como el que le encargó el Ayuntamiento de Toledo para la decoración de la capilla de Ovalle de la iglesia de San Vicente. El artista creó un gran retablo presidido por la imagen de la Inmaculada Concepción, que fue finalizado en 1613, un año antes de su muerte. Esta obra está considerada como una de las mejores pinturas de El Greco.